La magia de creer para ver

martes, 8 de enero de 2013

Unos sostienen sus huertos oreados,
sus panales, sus eras y sus viñas,
mas no conocen las fases del mosto.
Yo no te tengo más que a ti.
Otros tienen sus flotas y arsenales
y capean temporales en la Bolsa
durmiendo entre unos brazos mercenarios.
Yo no te tengo más que a ti.

Los demás tienen prisas y negocios
y tratan de llegar pronto a una cita
para que esta demencia continúe.
Yo no te tengo más que a ti.

Antonio Martínez Sarrión

lunes, 7 de enero de 2013

Iniciativa

Hasta que uno no se comprometa hay vacilación,
posibilidad de volverse atrás y siempre ineficacia.
Respecto a todo acto de iniciativa y creación
sólo hay una verdad fundamental:
El ignorarla mata innumerables ideas y esplendidos planes.
En el momento en que uno se compromete definitivamente,
también la providencia se moviliza.
Acuden en nuestra ayuda toda suerte de cosas
que de otra manera nunca hubiesen ocurrido.
Una corriente de sucesos fluye de la decisión,
haciendo surgir a nuestro favor todo tipo de incidentes,
de imprevistos, de encuentros y de asistencia material
que nadie hubiera soñado pudieran venir de este modo.
Todo aquello que puedas hacer o sueñes que puedes hacer,
comiénzalo.
El coraje encierra en sí el genio, el poder y la magia.
¡Empieza ya!

Del Fausto de Goethe

domingo, 6 de enero de 2013

Anillo

No el que lleva en esta detenida extensión
de tierra, sino el que vimos juntos
en aquella tiendecita de Oregón: ágata musgosa,
de un verde tan subido que negreaba en el aro de plata. Difícil
de encontrar después, extraído de su mano
y vigilante. Pensando que sorprendería a su poder
con la traición, se lo regalé a un amigo nuestro que nunca llevaba
anillos y necesitaba su suerte. Pero pronto supe,
no me preguntes cómo, que el anillo
yacía, junto a baratijas diversas, en un cajón. Le pedí

que me lo devolviera y, durante algún tiempo, lo llevé al cuello, colgado
de una cadena. Pero resultaba extraño,
como un amuleto escolar: un recuerdo de amor para el que ya estaba
mayor, y que había cambiado por el oro rosa
de las alianzas matrimoniales. ¿Dónde está ahora?
En algún abyecto lugar seguro.
Pero ¿dónde? Apartado. Pongo la casa patas arriba
buscándolo. Pero no lo encuentro. Es peor
que una maldición. Como la felicidad que malgastamos en fuentes
con deseos equivocados. O la burla

azarosa de. la memoria, su embotada firma, tan casual
que me aplasta viva, y me creo lo que nunca me creo
de las verdaderas apariciones: que utiliza
mi deseo para venir a mí;
que mis sentidos están habitados, como el tronco
en cuyo interior se embute el oso
para hibernar; que la presencia en curso de los muertos
es volátil y sacramental. El viento al que
está unido ese muchacho, que corre con una cometa por
entre las tumbas, mirando a lo alto, pero manteniendo el equilibrio,

como si introdujera el cielo en la tierra con
fría temeridad. Así que mi amor, muerto pero viviente,
asoma en el flujo de la memoria, de lo que su memoria
recordaría, igual que él es recordado
en una calle de Dragón, muerto viviente de amor,
con la extrañeza de la plata fría
ciñéndole el dedo de la mano recién creada.

Tess Gallagher

sábado, 5 de enero de 2013

Laguna

Y el ángel dijo entonces: te enseñaré qué
pintan ahora los maestros antiguos. Y
me llevó a otra sala, y me mostró un
paisaje: una laguna de aguas verdiazules, con
huellas de un naufragio, y una multitud en cada
orilla.
Quiénes son, pregunté; por qué lloran.
Los que nacieron en el siglo de la muerte de
la muerte, respondió; los que ya nunca podrán
cruzar al otro lado.



Abraham Gragera

Éramos violentos

Éramos violentos y algo tristes.
El paraiso entonces
era besar tus labios,
ir contigo a los muros donde en tiempos de paz
se abrazan las parejas
como si cachearan al amor.

Era el setenta y siete.
Tenías veinte años y un temblor en el pecho
de palomas miedosas que acostumbraron pronto
a probar la ternura de mis manos.

Éramos violentos: agentes de uniforme
saqueaban las aulas en busca de octavillas,
de libros prohibidos;
no comprendieron nunca que en los parques de octubre,
besándonos los labios,
fuimos más inquietantes, mucho más peligrosos
que gritando en las calles mientras nos perseguían.

Tenías veinte años:
Recuerdo que en un muro,
bajo la sangre quieta de unas siglas,
hicimos el amor en pie de guerra.


Pedro Sevilla Gómez, "Todo lo azul del mundo".

viernes, 4 de enero de 2013

Y toda yo era silencio y era parte del silencio. Mordía
una rama de mirto
para no gritar. Porque lo sentía: mi boca crecía
desmesuradamente, para un gran grito, y mis
dientes
también se separaban, se distanciaban, para dejar
salir
el grito. Lo contuve. se disolvió
en mí.
Ese era el silencio. Y yo era etérea-podía
volar.

Yannis Ritsos Crisotemis

jueves, 3 de enero de 2013

Los 400 golpes

Hay señales que alumbran un disparo,
gestos de pita para domar un cuello,
canallas de redoma dispuestos al ajuste,
cien cuchillos mellados que en su óxido contienen la gangrena,
un sicario de números jugando a ser Damocles,
alguna sumisión
y unas panteras dispuestas a atacar y a hacer un muerto...

Luis Felipe Comendador Sánchez