¡Oh, amor, cómo he sentido tu sufrimiento!
No me preguntes cómo.
¡Oh ausencia, cómo bebí tu veneno!
No me preguntes cómo.
Buscando, por el mundo he vagado,
Y, ¿por quién, al fin, he optado?
No preguntes quién.
Para: ver de su umbral el polvo
¡Cómo lloraba mi anhelante ojo!
No preguntes cómo.
¿Por qué, amigos, mordéis los labios disgustados?
¿Sabéis qué labios de rubí he alcanzado?
No preguntéis cuándo.
Anoche, en estos mismos oídos
Tales palabras su boca ha vertido.
No preguntéis cuáles.
Como Hafiz en el laberinto circular del amor,
Mis pies, al fin, han encontrado su dirección.
No preguntes dónde.
De "El despertar del amor"
Shamsuddin Hafiz
La magia de creer para ver
miércoles, 13 de febrero de 2013
No preguntes
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Letra breve,
Obras de arte absolutas
El enigma de la vida
Con el vino de anoche cantando en mi cabeza
Al amanecer buscaba la taberna,
Aunque medio mundo en la cama dormía
Y el arpa y la flauta sonaban todavía,
Creando un placentero canto matutino;
Ya estaba llegando la copa de vino:
-Razón-, dije yo, «ya debías marcharte
Si quieres llegar a tu diario destino,
La santa ciudad de la intoxicación».
Así pues, la despedí y se marchó
Con una botella para los amigos del viaje.
Solo en la taberna, observé a la criada
Y quise conquistarla con mi labia,
Mas desdeñosa se volvió,
y se burló de mi ilusión.
Dijo, enarcando las cejas:
«¡Tú, blanco de toda mala lengua!
Mi cintura no rodearás,
Ni siquiera por todas tus baladas,
Mientras solo te veas a ti mismo
Como centro y fin en lo creado.
Apresa en tus redes a otro pájaro
No llegas al nido del Anka, amigo.»
Entonces me refugié de tal océano
En la buena arca del vino, mas ¡ay de mí!
Ella es de doncellas un compendio
Es Saki, camarada y trovador,
La que rechaza mi pobre corazón.
¡El ego es lo que debes superar, Hafiz!
Presta atención a la sabiduría
De la hija de la taberna; vanidoso,
Ficción de agua y barro construida
Cuidando tu belleza como un loro.
Hafiz, la vida es un enigma, abandona:
No hay otra respuesta que esta copa.
De "El despertar del amor"
Shamsuddin Hafiz
Al amanecer buscaba la taberna,
Aunque medio mundo en la cama dormía
Y el arpa y la flauta sonaban todavía,
Creando un placentero canto matutino;
Ya estaba llegando la copa de vino:
-Razón-, dije yo, «ya debías marcharte
Si quieres llegar a tu diario destino,
La santa ciudad de la intoxicación».
Así pues, la despedí y se marchó
Con una botella para los amigos del viaje.
Solo en la taberna, observé a la criada
Y quise conquistarla con mi labia,
Mas desdeñosa se volvió,
y se burló de mi ilusión.
Dijo, enarcando las cejas:
«¡Tú, blanco de toda mala lengua!
Mi cintura no rodearás,
Ni siquiera por todas tus baladas,
Mientras solo te veas a ti mismo
Como centro y fin en lo creado.
Apresa en tus redes a otro pájaro
No llegas al nido del Anka, amigo.»
Entonces me refugié de tal océano
En la buena arca del vino, mas ¡ay de mí!
Ella es de doncellas un compendio
Es Saki, camarada y trovador,
La que rechaza mi pobre corazón.
¡El ego es lo que debes superar, Hafiz!
Presta atención a la sabiduría
De la hija de la taberna; vanidoso,
Ficción de agua y barro construida
Cuidando tu belleza como un loro.
Hafiz, la vida es un enigma, abandona:
No hay otra respuesta que esta copa.
De "El despertar del amor"
Shamsuddin Hafiz
lunes, 11 de febrero de 2013
Éramos los elegidos del sol
Éramos los elegidos del sol
Y no nos dimos cuenta
Fuimos los elegidos de la más alta estrella
Y no supimos responder a su regalo
Angustia de impotencia
El agua nos amaba
La tierra nos amaba
Las selvas eran nuestras
El éxtasis era nuestro espacio propio
Tu mirada era el universo frente a frente
Tu belleza era el sonido del amanecer
La primavera amada por los árboles
Ahora somos una tristeza contagiosa
Una muerte antes de tiempo
El alma que no sabe en qué sitio se encuentra
El invierno en los huesos sin un relámpago
Y todo esto porque tú no supiste lo que es la eternidad
Ni comprendiste el alma de mi alma en su barco de tinieblas
En su trono de águila herida de infinito
Vicente Huidobro
Y no nos dimos cuenta
Fuimos los elegidos de la más alta estrella
Y no supimos responder a su regalo
Angustia de impotencia
El agua nos amaba
La tierra nos amaba
Las selvas eran nuestras
El éxtasis era nuestro espacio propio
Tu mirada era el universo frente a frente
Tu belleza era el sonido del amanecer
La primavera amada por los árboles
Ahora somos una tristeza contagiosa
Una muerte antes de tiempo
El alma que no sabe en qué sitio se encuentra
El invierno en los huesos sin un relámpago
Y todo esto porque tú no supiste lo que es la eternidad
Ni comprendiste el alma de mi alma en su barco de tinieblas
En su trono de águila herida de infinito
Vicente Huidobro
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viernes, 8 de febrero de 2013
El tigre
Tigre, tigre, que te enciendes en luz
por los bosques de la noche
¿qué mano inmortal, qué ojo
pudo idear tu terrible simetría?
¿En qué profundidades distantes, en qué cielos ardió el fuego de tus ojos?
¿Con qué alas osó elevarse?¿Qué mano osó tomar ese fuego?
¿Y qué hombro, y qué arte
pudo tejer la nervadura de tu corazón?
Y al comenzar los latidos de tu corazón,
¿qué mano terrible? ¿Qué terribles pies?
¿Qué martillo? ¿Qué cadena?
¿En qué horno se templó tu cerebro?
¿En qué yunque? ¿Qué tremendas garras osaron sus mortales terrores dominar?
Cuando las estrellas arrojaron sus lanzas
y bañaron los cielos con sus lágrimas
¿sonrió al ver su obra?
¿Quien hizo al cordero fue quien te hizo?
Tigre, tigre, que te enciendes en luz,
por los bosques de la noche
¿qué mano inmortal, qué ojo
osó idear tu terrible simetría?
William Blake
por los bosques de la noche
¿qué mano inmortal, qué ojo
pudo idear tu terrible simetría?
¿En qué profundidades distantes, en qué cielos ardió el fuego de tus ojos?
¿Con qué alas osó elevarse?¿Qué mano osó tomar ese fuego?
¿Y qué hombro, y qué arte
pudo tejer la nervadura de tu corazón?
Y al comenzar los latidos de tu corazón,
¿qué mano terrible? ¿Qué terribles pies?
¿Qué martillo? ¿Qué cadena?
¿En qué horno se templó tu cerebro?
¿En qué yunque? ¿Qué tremendas garras osaron sus mortales terrores dominar?
Cuando las estrellas arrojaron sus lanzas
y bañaron los cielos con sus lágrimas
¿sonrió al ver su obra?
¿Quien hizo al cordero fue quien te hizo?
Tigre, tigre, que te enciendes en luz,
por los bosques de la noche
¿qué mano inmortal, qué ojo
osó idear tu terrible simetría?
William Blake
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sábado, 2 de febrero de 2013
No es una desgracia abrir los ojos
No es una desgracia abrir los ojos
ni tener despiertos los deseos
y estar triste y solo y pensando.
Y no ser de aquellos que consiguieron
su placer a ciegas para cegarse;
su televisión después del cine,
sus bailes, su ruido, sus limonadas;
pero que a la medianoche se sientan,
pesados de sueño, densos, bestiales,
y gritan y luchan sobresaltados
para desterrar su pesadilla.
Bienaventurados los que padecen
la nostalgia, el miedo de estar a solas,
la necesidad del amor; los hombres,
las mujeres tiernas de ojos amargos;
los que en su comida han recibido
lo gordo del caldo del sufrimiento.
Porque de ellos es la desesperanza,
el insomnio, el llanto seco, las rejas
de todas las cárceles, el hambre,
y la fuerza lírica y el impulso
para desquiciar la desventura.
Rubén Bonifaz Nuño
ni tener despiertos los deseos
y estar triste y solo y pensando.
Y no ser de aquellos que consiguieron
su placer a ciegas para cegarse;
su televisión después del cine,
sus bailes, su ruido, sus limonadas;
pero que a la medianoche se sientan,
pesados de sueño, densos, bestiales,
y gritan y luchan sobresaltados
para desterrar su pesadilla.
Bienaventurados los que padecen
la nostalgia, el miedo de estar a solas,
la necesidad del amor; los hombres,
las mujeres tiernas de ojos amargos;
los que en su comida han recibido
lo gordo del caldo del sufrimiento.
Porque de ellos es la desesperanza,
el insomnio, el llanto seco, las rejas
de todas las cárceles, el hambre,
y la fuerza lírica y el impulso
para desquiciar la desventura.
Rubén Bonifaz Nuño
Viejas plegarias atenienses
por hacernos sensibles a las habladurías, por hacernos filósofos
y amantes del canto, por el vino y el ágora donde reconocemos
nuestra mutua libertad una vez adquirida. Gracias por dejarnos
coexistir con vosotros, sin ostentar derechos de primogenitura;
por impedirnos, a base de desgracias, estar por encima de vosotros,
incorporarnos a vuestra estatura, para así descubrir el terror
de ser, en cierta forma, superiores a vosotros, y tan elementales.
Gracias por vuestros dones, oráculos y leyes post-homéricas,
por ser motivos de bellísimas estatuas que, según algunos,
revivirán un día; por construir ciudades e incitarnos a ello,
por atar en un monte el ombligo de la tierra conocida, y aliviar
su hemorragia. Gracias por obligarnos a ser hombres,hijos
de mujeres madres de héroes, víctimas del hado y la soberbia,
descendientes del polvo y de la estirpe, unidos en lo inalienable
de nuestra autonomía contra los que quisieran usurparla,
contra los súbditos del Rey, laconios y tiranos, charlatanes
que acuden a sus bocas como avispas, por ver si finalmente
nos enjambran, o abonan con su hierro nuestro periclitado
patrimonio. Gracias por aceptar los sacrificios, por mantener
el pacto, mientras os deleitáis con la ambrosía, perseguís
a dríades, y os convertís en todo lo que existe en la otra cara
del fuego, todo lo que los seres tienen de imaginable, los contornos
de toda plenitud y decadencia, lo afrodisíaco del más acá
de su reverso. Gracias por limitar entre vosotros, por constelar
la noche, por darnos voluntad sobre la muerte y el exilio
de las genealogías, por sostener la mano en el áspero trance
de mezclar la cicuta a nuestros siervos, por abrirnos los labios
y las venas, por ser hospitalarios con el humo, y procurar la gloria
a quienes al morir cubren de oprobio nuestras instituciones
Abraham Gragera
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Obras de arte absolutas
viernes, 1 de febrero de 2013
El corazón terrestre se congela otra vez
El corazón terrestre se congela otra vez,
pero este frío lo recibo con el pecho.
En soledad cuido para las personas
un amor no correspondido.
Pero detrás del amor madura la ira,
crecen el odio y el deseo.
En los ojos de los hombres y de las mujeres
veo la marca de su elección y del olvido.
Que me griten: ¡Olvídate de esto, poeta!
¡Vuelve a tu comodidad preciada!
¡No! ¡Prefiero morir en este frío cruel!
No existe la comodidad. La tranquilidad no existe.
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