I
Quiero ser las dos niñas de tus ojos,
las metálicas cuerdas de tu voz,
el rubor de tu sien cuando meditas
y el origen tenaz de tu rubor.
Quiero ser esas manos invisibles
que manejan por sí la Creación,
y formar con tus sueños y los míos
otro mundo mejor para los dos.
Eres tu, providencia de mi vida,
mi sostén, mi refugio, mi caudal:
cual si fueras mi madre yo te amo...
¡y todavía más!
II
Tengo celos del sol, porque te besa
con sus labios de luz y de calor,
del jazmín tropical y del jilguero
que decoran y alegran tu balcón.
Mando yo que ni el aire te sonreía:
ni los astros, ni el niño, ni la flor,
ni la Fe, ni el Amor, ni la Esperanza,
ni ninguno en lo eterno más que yo.
Eres tú, Soberana de mis noches,
mi constante, perpetuo cavilar:
ambiciono tu amor como la Gloria...
¡y todavía más!
III
Yo no quiero que alguno te consuele
si me mata la fuerza de tu amor...
¡si me matan los besos insaciables
fervorosos, ardientes que te doy!
Quiero yo que te invadan las tinieblas
cuando ya para mí no salga el sol.
Quiero yo que defiendas, mi cadáver
del más leve ritual profanador.
Quiero yo que me nombres y conjures
sobre labios y frente y corazón.
Quiero yo que sucumbas o enloquezcas...
¡loca, sí, muerta, sí, te quiero yo!
Mi querida, mi bien, mi soberana,
mi refugio, mi sueño, mi caudal,
mi laurel, mi ambición, mi santa madre...
¡y todavía más!
Almafuerte
La magia de creer para ver
lunes, 13 de mayo de 2013
domingo, 12 de mayo de 2013
Canción del macho y de la hembra
¡Canción del macho y de la hembra!
La fruta de los siglos
exprimiendo su jugo
en nuestras venas.
Mi alma derramándose en tu carne extendida
para salir de ti más buena,
el corazón desparramándose
estirándose como una pantera,
y mi vida, hecha astillas, anudándose
a ti como la luz a las estrellas!
Me recibes
como al viento la vela.
Te recibo
como el surco a la siembra.
Duérmete sobre mis dolores
si mis dolores no te queman,
amárrate a mis alas
acaso mis alas te llevan,
endereza mis deseos
acaso te lastima su pelea.
¡Tú eres lo único que tengo
desde que perdí mi tristeza!
¡Desgárrame como una espada
o táctame como una antena!
Bésame
muérdeme,
incéndiame,
que yo vengo a la tierra
sólo por el naufragio de mis ojos de macho
en el agua infinita de tus ojos de hembra!
Pablo Neruda
La fruta de los siglos
exprimiendo su jugo
en nuestras venas.
Mi alma derramándose en tu carne extendida
para salir de ti más buena,
el corazón desparramándose
estirándose como una pantera,
y mi vida, hecha astillas, anudándose
a ti como la luz a las estrellas!
Me recibes
como al viento la vela.
Te recibo
como el surco a la siembra.
Duérmete sobre mis dolores
si mis dolores no te queman,
amárrate a mis alas
acaso mis alas te llevan,
endereza mis deseos
acaso te lastima su pelea.
¡Tú eres lo único que tengo
desde que perdí mi tristeza!
¡Desgárrame como una espada
o táctame como una antena!
Bésame
muérdeme,
incéndiame,
que yo vengo a la tierra
sólo por el naufragio de mis ojos de macho
en el agua infinita de tus ojos de hembra!
Pablo Neruda
martes, 7 de mayo de 2013
Aumentó mi pasión...
Aumento mi pasión y aguijoneó mi anhelo una candela embozada en mantos de sombra.
Entre la oscuridad me hacía señas, como un dedo blanco teñido de rojo en la punta, y perteneciente a una mano escondida.
Si no soplaba la brisa, brillaba su llama como un hierro de lanza; si la brisa lo torcía, se achataba como una pulsera de luz.
Ibn Zamrak
Entre la oscuridad me hacía señas, como un dedo blanco teñido de rojo en la punta, y perteneciente a una mano escondida.
Si no soplaba la brisa, brillaba su llama como un hierro de lanza; si la brisa lo torcía, se achataba como una pulsera de luz.
Ibn Zamrak
Jardín yo soy que la belleza adorna:
Sabrás mi ser si mi hermosura miras.
Por Muhammad, mi rey, a par me pongo
de lo más noble que será o ha sido.
Obra sublime, la Fortuna quiere
que a todo monumento sobrepase.
¡Cuánto recreo aquí para los ojos!
Sus anhelos el noble aquí renueva.
Las Pléyades le sirven de amuletos;
la brisa le defiende con su magia.
Sin par luce una cúpula brillante,
de hermosuras patentes y escondidas.
Rendido le da Géminis la mano;
viene con ella a conversar la luna.
Incrustarse los astros allí quieren,
sin más giraren en la celeste rueda,
y en ambos patios aguardar sumisos,
y servirle a porfía como esclavas:
No es maravilla que los astros yerren
y el señalado límite traspasen,
para servir a mi señor dispuestos,
que quien sirve al glorioso gloria alcanza.
El pórtico es tan bello, que el palacio
Con la celeste bóveda compite.
Con tan bello tisú lo aderezaste,
que olvido pones del telar el Yemen.
¡Cuántos arcos se elevan en su cima,
sobre columnas por la luz ornadas,
como esferas celestes que voltean
sobre el pilar luciente de la aurora!
Las columnas en todo son tan bellas,
que en lenguas correderas anda su fama:
lanza el mármol su clara luz que invade
la negra esquina que tiznó la sombra;
irisan sus reflejos, y dirías
son, a pasar de su tamaño, perlas.
Jamás vimos alcanzar más excelso,
de contornos más claros y espaciosos.
Jamás vimos jardín más floreciente,
de cosecha más dulce y más aroma.
Por permisión del juez de la hermosura
Paga, doble, el impuesto en dos monedas,
pues si, al alba, del céfiro en la manos
deja dracmas de luz, que bastarían,
tira luego en lo espeso, entre los troncos,
doblas de oro de sol, que lo engalanan.
Le enlaza el parentesco a la victoria:
Sólo al del Rey este linaje cede.
Ibn Zamrak
Sabrás mi ser si mi hermosura miras.
Por Muhammad, mi rey, a par me pongo
de lo más noble que será o ha sido.
Obra sublime, la Fortuna quiere
que a todo monumento sobrepase.
¡Cuánto recreo aquí para los ojos!
Sus anhelos el noble aquí renueva.
Las Pléyades le sirven de amuletos;
la brisa le defiende con su magia.
Sin par luce una cúpula brillante,
de hermosuras patentes y escondidas.
Rendido le da Géminis la mano;
viene con ella a conversar la luna.
Incrustarse los astros allí quieren,
sin más giraren en la celeste rueda,
y en ambos patios aguardar sumisos,
y servirle a porfía como esclavas:
No es maravilla que los astros yerren
y el señalado límite traspasen,
para servir a mi señor dispuestos,
que quien sirve al glorioso gloria alcanza.
El pórtico es tan bello, que el palacio
Con la celeste bóveda compite.
Con tan bello tisú lo aderezaste,
que olvido pones del telar el Yemen.
¡Cuántos arcos se elevan en su cima,
sobre columnas por la luz ornadas,
como esferas celestes que voltean
sobre el pilar luciente de la aurora!
Las columnas en todo son tan bellas,
que en lenguas correderas anda su fama:
lanza el mármol su clara luz que invade
la negra esquina que tiznó la sombra;
irisan sus reflejos, y dirías
son, a pasar de su tamaño, perlas.
Jamás vimos alcanzar más excelso,
de contornos más claros y espaciosos.
Jamás vimos jardín más floreciente,
de cosecha más dulce y más aroma.
Por permisión del juez de la hermosura
Paga, doble, el impuesto en dos monedas,
pues si, al alba, del céfiro en la manos
deja dracmas de luz, que bastarían,
tira luego en lo espeso, entre los troncos,
doblas de oro de sol, que lo engalanan.
Le enlaza el parentesco a la victoria:
Sólo al del Rey este linaje cede.
Ibn Zamrak
AL-MU`TAMID
AMOR ONÍRICO
el amor y el desvelo que yo siento,es como si te besase los labios, la nuca, las mejillas, y lograse mi deseo. ¡Por tu amor!, si no me visitase tu imagen en sueños, a intervalos, no dormiría más. TRES COSAS
Tres cosas impidieron que me visitara
por miedo al espía y temor del irritado envidioso;
la luz de su frente, el tintineo de sus joyas
y el fragante ámbar que envolvía sus vestidos.
Supón que se tapa la frente con la amplia
bocamanga,
y se despoja de las joyas, más ¿Qué hará con su
aroma?
EL COPERO, LA COPA Y EL VINO
Apareció, exhalando aromas de sándalo,
al doblar la cintura por el esbelto talle,
¡Cuántas veces me sirvió, aquella oscura noche,
en agua cristalizada, rosas líquidas!
DESPEDIDA
Cuando nos encontramos para despedirnos, de
mañanita,
ya tremolaban las banderas en el patio del
alcázar;
eran acercados los corceles, redoblaban los
atabales:
eran las señales de partida.
Lloramos sangre, hasta que nuestros ojos eran como
heridas
al fluir aquel líquido rojo.
Y esperábamos volver a vernos a los tres días...
¿Qué habría sucedido si hubiesen sido más?
|
CARTA
Te escribo consciente de que estás lejos de mí,
y en mi corazón, la congoja de la tristeza;
no escriben los cálamos sino mis lágrimas
que trazan un escrito de amor sobre la página de
la mejilla;
si no lo impidiera la gloria, te visitaría
apasionado
y a escondidas, como visita el rocío los pétalos
de la rosa;
Te besaría los labios rojos bajo el velo
y te abrazaría del cinturón al collar;
¡Ausente de mi lado, estás junto a mí!
Si de mis ojos estás ausente, no de mi corazón.
¡Cumple la promesa que nos hicimos, pues yo,
tú lo sabes, cumplo mi parte!
LA AURORA LADRONA
Disfrazó la pasión que quería ocultar,
más la lengua de las lágrimas se negó a callar;
Partieron, y ocultó su dolor, más lo divulgó
el llanto de la pena, tan evidente y balbuceante;
les acompañé mientras la noche descuidaba su
vestidura,
hasta que apareció ante sus ojos una señal
evidente:
Me detuve allí perplejo: la mano de la aurora
me había robado las estrellas.
EL CORAZÓN
El corazón persiste y yo no cesa;
la pasión es grande y no se oculta;
las lágrimas corren como las gotas de lluvia,
el cuerpo se agosta con su color amarillo;
y esto sucede cuando la que amo, a mí está unida:
¿Qué sería, si de mí se apartase?
EL RELÁMPAGO
El relámpago le asustó, cuando en su mano
el relámpago del vino resplandecía.
¡Ojalá supiera cómo, si ella es el sol de la
mañana,
se asusta de la luz!
|
Etiquetas:
Letra breve,
Obras de arte absolutas
Ibn Zaydun
|
1
Un
extranjero en los confines de levante
da
gracias a la brisa,
porque lleva su saludo
hasta
occidente.
¿Qué
mal habrá en que el aliento
de la
brisa lleve
un
mensaje de amor que envía
un
cuerpo al corazón?
3
Me
dejaste, ¡oh gacela!,
atado
en manos del infortunio.
Desde
que me alejaste de ti,
no he
conocido placer de sueño.
¡Si
entrara en mi destino un gesto
tuyo
o una mirada fortuita!
Mi
intercesor -¡mi verdugo!-
en el
amor es tu bello rostro.
Estaba libre del amor
y yo
hoy me veo rendido.
Fue
mi secreto silencioso,
y
ahora ya se sabe.
No
hay escape de ti,
lo
que desees para mí,
así
sea.
5
¡Ay,
aquella gacela joven!
a
quien pedí el licor,
y me
dio generosa
el
licor y la rosa.
Así
pasé la noche
bebiendo del licor de su saliva,
y
tomando la rosa en su mejilla.
7
¡Aquellas gacelas de moradas tan amables para mí!
Mi
corazón les pertenece, las niñas de mis ojos, y el fondo de mi ser.
Tuyo
es mi amor. La humanidad entera me es testigo.
Tú
también lo serías si la envidia te abandonara.
Nunca
se perdiera la unión entre nosotros
si tú
hubieras amado como yo.
9
¡La
que deja humilladas a las ramas de largos cabellos
cuando se mece,
y
desprecia al cervatillo adormecido
cuando mira!
Te
rescata de mí un amante. Extraño caso:
siempre que ofendes tú, él ofrece disculpa
y
nunca me ha salvado de ti sentir la prevención.
Es
imposible que las mañas de la pasión usen cuidado.
Tu
amor es tentación predestinada.
¿Cómo
podría el joven defenderse de su destino?
11
Manda
a tu voluntad, yo soy constante,
no
temas de mí olvido ni mudanza.
¿Cómo
puede olvidar quien desde tu partida
ya no
encuentra en la vida sabor, ni olvido en la distancia?
Tú me
matas de amor y me sometes a pruebas de dolor,
me
rompes de pasión y me dejas en herencia el sufrimiento.
Si yo
guardara, infiel, el olvido en mi corazón,
no
esperaría más, ¡mi esperanza!, vivir contigo.
¡Por
Dios!, que jamás mi corazón amó de nuevo,
ni
pudo aceptar otro amor que el tuyo.
13
¡Oh
la peregrina distante cuyos lares están
en la
reserva del corazón!
Tus
bienes te hicieron olvidar al siervo
del
que tú solo eres señor.
Las
horas gozadas te alejaron de él
y ya
ni su recuerdo se asoma a tu frente.
Quieran mis vigilias sostener la esperanza
cuyo
sentido conocen tan sólo el destino y mis días.
15
¿Cuándo te contaré lo que me aflige?
¡Mi
consuelo y tormento!
¿Cuándo tomarán mis labios
el
lugar de la pluma al expresarme?
Bien
sabe Dios que yo
por
tu culpa me he puesto en este estado,
pues
no encuentro sabor en los manjares
ni
hallo grato el beber.
¡Tentación del devoto!,
¡oh
pretexto del seductor!
Tú
eres sol que se oculta
tras
un cendal a mis miradas.
La
luna, cuyo esplendor se filtra
a
través de la nube transparente,
es
igual a tu rostro cuando
bajo
el velo se alumbra.
|
2
¿Por
qué has cortado el lazo de la unión,
¡por
Dios santo!, y te haces tan altiva con el vil?
¿Por
qué rechazas la súplica de un amor
y una
amistad sincera del que ya tiene el cuerpo enfermo?
¿Por
qué no me visitas, ya que no sueles hacerlo
en
persona, con carta o mensajero?
Tu
veleidad desorienta mi astucia.
¿Acaso la astucia sirve de algo al fatigado?
4
¿Qué
mal puede haber en que te muestres compasiva
si tú
eres mi enfermedad y tú lo sabes?
Te
complace, ¡mi exigencia y mi deseo!,
estar
libre de mi queja
y
reírte del amor mientras yo lloro.
Dios
sea el juez de nuestro pleito.
Yo
exclamo, cuando el sueño se me escapa,
como
el afligido por su corazón enamorado:
¡La
que duerme y por cuyo amor sufro vigilias,
regálame el sueño!, ¡tú que duermes!
6
¿Acaso, cuando sabes la parte de mi amor que tomas
y no
ignoras el lugar que en mi corazón ocupas,
y
cómo el amor me guía y me dejo llevar con obediencia
y no
soporto más cadenas que las tuyas,
te
satisface que la enfermedad me revista como túnica al cuerpo?
He
teñido de negro por su causa mis ojos con vigilias.
Pasa
tus ojos sobre las líneas de mi escrito
y
encontrarás mis lágrimas desposadas con la tinta.
¡Por
Dios!, ¡que ya mi corazón se derrama
en su
lamento por un corazón tan duro!
8
¡Si
yo supiera que alguna vez te encontraré en la soledad,
para
poder quejarme de algo de lo que siento!
¡Dios
traiga el día en que pueda declarar mi amor
con
las lágrimas de mis ojos como testigo!
10
¿Cómo
puede el tiempo hacerme sentir la desolación
cuando tú eres mi compañía,
y
hacerme el día tan oscuro
cuando tú eres mi sol,
y
plantar en tu amor mis deseos,
pero
recoger la muerte entre los frutos
de mi
siembra?
Has
pagado con la traición mi lealtad
y has
malbaratado mi amor injustamente.
Si el
destino se sometiera a mi razón,
te
rescataría de sus contradicciones al precio
de mi
ser.
12
¡Por
el ramo oloroso cuyo perfume cura al enfermo;
alientos ungidos, dulce aroma!
Con
él me señalan los dedos suaves
de
una joven esbelta, sus ojos oscurecidos con colirio de magia.
Espléndida belleza hecha de amor asciende entre sus ramas,
enferma con almizcle de radiantes virtudes.
Cuando ofrece jazmines con su mano,
recibo estrellas luminosas de mano de la luna.
Tiene
virtudes dulces en un hermoso cuerpo,
una
elegancia como fragante perfume o aroma de vino,
y
consuela mi alma con una plática que me da contento
como
los deseos y la unión que siguen a la ausencia.
14
¡La
que hice famosa entre los hombres
por
mi corazón abrumado de anhelos y penas!
Ausente tú no encuentro ser que me consuele
y tú
presente toda la humanidad está conmigo.
|
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Letra breve,
Obras de arte absolutas
Tú también eres ¡oh palma!
Tu también eres ¡oh palma!
en este suelo extranjera.
Llora, pues; mas siendo muda,
¿cómo has de llorar mis penas?
Tú no sientes, cual yo siento,
el martirio de la ausencia.
Si tú pudieras sentir,
amargo llanto vertieras.
A tus hermanas de Oriente
mandarías tristes quejas,
a las palmas que el Éufrates
con sus claras ondas riega.
Pero tú olvidas la patria,
a la par que la recuerdas;
la patria de donde Abbas
en este suelo extranjera.
Llora, pues; mas siendo muda,
¿cómo has de llorar mis penas?
Tú no sientes, cual yo siento,
el martirio de la ausencia.
Si tú pudieras sentir,
amargo llanto vertieras.
A tus hermanas de Oriente
mandarías tristes quejas,
a las palmas que el Éufrates
con sus claras ondas riega.
Pero tú olvidas la patria,
a la par que la recuerdas;
la patria de donde Abbas
y el hado adverso me alejan.
Abd ar–Rahman I
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