La magia de creer para ver

sábado, 20 de diciembre de 2014

-Mi madre siempre decía que mi hermana era como la madera, tan arraigada a la tierra como un árbol de Sapura. Pero de mí decía que era como el agua; el agua puede abrirse camino incluso a través de la piedra, y, si se ve atrapada, siempre busca un nuevo camino.

-En el templo hay un poema titulado "Pérdida", esculpido en la piedra. Tiene tres palabras, pero el poeta las ha tachado. No puedes leer pérdida; solo sentirlo.

-Es un día demasiado hermoso como para sentirse tan infeliz

-Nadie encuentra en esta vida todo el cariño que debería

-Sonríe para mí, por favor... ¡Muy bien! Lo considero un regalo personal.
Prométeme una cosa: cuando tropieces otra vez, no frunzas el ceño.

-El agua no soporta la lentitud, aunque tal vez eso sea bueno; no tenemos tiempo que perder.

-Recuerda Chiyo, las geishas no somos cortesanas, ni tampoco esposas. Vendemos nuestra destreza, no nuestro cuerpo. Creamos un mundo secreto, un lugar en el que solo hay belleza. La palabra geisha significa artista, y ser geisha es ser juzgada como una obra de arte en movimiento.
Para nosotras agonía y belleza van de la mano.


De la película "Memorias de una Geisha"

viernes, 19 de diciembre de 2014

Es tu decisión

Cuenta el periodista Sidney Harris que un día acompañó a un amigo a buscar el periódico a su puesto habitual.

Cuando llegó al puesto su amigo saludó amablemente al vendedor y le pidió el periódico.

El vendedor le contestó de manera brusca y desconsiderada y se lo dio despectivamente.

Su amigo, no obstante, sonrió, le dio las gracias y le deseó un buen fin de semana.

Al marchar, Sidney le dijo a su amigo:

– Dime una cosa, ¿este vendedor es siempre tan maleducado?
– Si -respondió su amigo-, suele comportarse habitualmente así.
– Entonces, ¿por qué eres tan amable con una persona así?
– Muy sencillo, PORQUE NO QUIERO QUE SEA ÉL QUIEN DECIDA COMO ME DEBO COMPORTAR YO.

jueves, 11 de diciembre de 2014

Para vivir no quiero...

Para vivir no quiero
islas, palacios, torres.
¡Qué alegría más alta:
vivir en los pronombres!

Quítate ya los trajes,
las señas, los retratos;
yo no te quiero así,
disfrazada de otra,
hija siempre de algo.
Te quiero pura, libre,
irreductible: tú.
Sé que cuando te llame
entre todas las gentes
del mundo,
sólo tú serás tú.
Y cuando me preguntes
quién es el que te llama,
el que te quiere suya,
enterraré los nombres,
los rótulos, la historia.
Iré rompiendo todo
lo que encima me echaron
desde antes de nacer.
Y vuelto ya al anónimo
eterno del desnudo,
de la piedra, del mundo,
te diré:
«Yo te quiero, soy yo».



Perdóname por ir así buscándote
tan torpemente, dentro
de ti.
Perdóname el dolor alguna vez.
Es que quiero sacar
de ti tu mejor tú.
Ese que no te viste y que yo veo,
nadador por tu fondo, preciosísimo.
Y cogerlo
y tenerlo yo en lo alto como tiene
el árbol la luz última
que le ha encontrado al sol.
Y entonces tú
en su busca vendrías, a lo alto.
Para llegar a él
subida sobre ti, como te quiero,
tocando ya tan sólo a tu pasado
con las puntas rosadas de tus pies,
en tensión todo el cuerpo, ya ascendiendo
de ti a ti misma.
Y que a mi amor entonces le conteste
la nueva criatura que tú eres.


Pedro Salinas

domingo, 7 de diciembre de 2014

Silencio

Nosotros los indios sabemos del silencio. No le tenemos miedo. De hecho, para nosotros es más poderoso que las palabras.

Nuestros ancianos fueron educados en las maneras del silencio, y ellos nos transmitieron ese conocimiento a nosotros. Observa, escucha, y luego actúa, nos decían. Esa es la manera de vivir despiertos.

Observa a los animales para ver cómo cuidan a sus crías. Observa a los ancianos para ver cómo se comportan. Observa al hombre blanco para ver qué quiere. Siempre observa primero, con corazón y la mente quietos y entonces, aprenderás. Cuando hayas observado lo suficiente, entonces podrás actuar sin temor.

Con ustedes es lo contrario. Ustedes aprenden hablando. Premian a los niños que hablan más en la escuela. En sus fiestas todos tratan de hablar. En el trabajo siempre están teniendo reuniones en las que todos interrumpen a todos, y todos hablan cinco, diez o cien veces. Y le llaman “resolver un problema”. Cuando están en una habitación y hay silencio, se ponen nerviosos. Tienen que llenar el espacio con sonidos. Así que hablan impulsivamente, incluso antes de saber lo que van a decir.

A la gente blanca le gusta discutir. Ni siquiera permiten que el otro termine una frase. Siempre interrumpen. Para los indios esto es muy irrespetuoso e incluso muy estúpido. Si tú comienzas a hablar, yo no voy a interrumpirte. Te escucharé. Quizás deje de escucharte si no me gusta lo que estás diciendo. Pero no voy a interrumpirte. Cuando termines, tomaré mi decisión sobre lo que dijiste, pero no te diré si no estoy de acuerdo, a menos que sea importante. De lo contrario, simplemente me quedaré callado y me alejaré. Me has dicho lo que necesito saber. No hay nada más que decir. Pero eso no es suficiente para la mayoría de la gente blanca.

La gente debería pensar en sus palabras como si fuesen semillas. Deberían plantarlas, y luego permitirles crecer en silencio. Nuestros ancianos nos enseñaron que la tierra siempre nos está hablando, pero que debemos guardar silencio para escucharla.


Indios americanos

¿Cómo hacerle el amor a la vida?

A la vida hay que tomarla

por la cintura y besarla con sueños,

hacerle tatuajes de dicha

sobre su espalda de nardos.


Hay que tupirla de caricias en la oscuridad,

hay que decirle que todo estará bien,

hay que hacerla sentir perfecta.

Hay que estimular los muslos

de su bondad con el canto del alma.


A la vida hay que mantenerla enamorada

hay que darle ilusiones en la cólera,

estrellas en la angustia.

Y desnudarla en la adversidad.


A la vida se le seduce

con el perfume de la luz,

se le enamora aunque se resista,

nosotros seremos de ella

su delirio y su presencia sin demora.


Quetzal Noah

Oscar y Ana

Se ponen a competir entre ellos a ver quién muere primero bajo la mano del otro, llevan más de 14 años juntos, es un pacto acordado desde entonces. Se esfuerzan mucho, sus días transcurren fraguando artimañas para aniquilarse, es meritorio ver cómo cavan sin descanso la tumba correspondiente.

Se conocieron en los peores momentos de sus vidas y eso no ha cambiado mucho hasta la fecha. Cada uno tiene su estrategia. Ella lo besa todas las mañanas en ayunas con la esperanza de que su aliento matutino conserve aún el sabor de la pesadilla soñada la noche anterior para envenenarlo. En tanto él, se concentra pensando en Ana con una fuerza inusual mientras bebe café, intentando provocarle telepáticamente ataques frenéticos de suspiros que le desinflen los pulmones.

Cada anochecer, cuando la noche serena toca sus ventanas, ellos colocan sus respectivas cabezas en la almohada, respiran hondo y se mueren con una sonrisa en la cara.


Alfonso Sámano

viernes, 5 de diciembre de 2014

La locura del amor ciego

“Una vez, hace muchos siglos, se reunieron en un lugar de la tierra todos los sentimientos, emociones y cualidades de los hombres. Cuando el Aburrimiento había bostezado por tercera vez, la Locura, como siempre tan loca, les propuso:
-¿Os gustaría jugar al escondite?
La Intriga levantó la ceja algo intrigada y la Curiosidad sin poder contenerse preguntó:
-¿Al escondite? ¿Y cómo se juega?
– Es un juego, en que yo me tapo la cara y comienzo a contar desde 1 hasta 1 millón, vosotros os escondéis y, cuando yo haya terminado de contar, el primero que encuentre ocupará mi lugar para continuar el juego -explicó la Locura.
El Entusiasmo bailó seguido por la Euforia, la Alegría dio tantos saltos que terminó por convencer a la Duda, e incluso a la Apatía, a la que nunca le interesaba nada.
Pero no todos quisieron participar, el Pesimismo no quiso, al final siempre le encontraban, la Idea opinó que era un juego tonto (en el fondo lo que le molestaba era que la idea de jugar no hubiera sido de ella) y la Cobardía prefirió no arriesgarse.
¡1, 2,3! comenzó a contar la Locura. La primera en esconderse fue la Pereza que, como siempre, se dejó caer tras la primera piedra del camino. La Fe subió al cielo y la Envidia se escondía tras la sombra del Triunfo que, con su propio esfuerzo, había logrado subir a la copa del árbol más alto. La Generosidad casi no alcanzaba a esconderse, cada sitio que hallaba le parecía maravilloso para alguno de sus amigos y pensaba “¿un lago cristalino? ideal para la Belleza ¿y el hueco de un árbol? perfecto para la Timidez, ¿una ráfaga de viento? magnifico para la Libertad…”, así que terminó ocultándose en un rayito de sol.
El Egoísmo, en cambio, encontró un sitio muy bueno desde el principio, ventilado, hermoso, dulce, pero solo para él. La Mentira se escondió en el fondo del océano (mentira, en realidad se escondió detrás de un arcoíris), y la Pasión y el Deseo en el centro de un volcán. El Olvido se olvidó donde se escondió…pero eso no es lo importante. Cuando la Locura contaba 999.999, el Amor no había encontrado sitio donde esconderse, pues todo se encontraba ocupado, hasta que divisó un bello rosal, y decidió rápidamente esconderse entre sus flores.
¡Un millón! contó la Locura, y comenzó a buscar. La primera en aparecer fue la Pereza que se había quedado dormida a 3 pasos de la piedra con la que cayó, después escuchó a la Fe discutiendo con Dios en el cielo sobre teología, luego descubrió a la Pasión y al Deseo en el vibrar de los volcanes, luego encontró a Triunfo y, por supuesto, también supo dónde estaba Envidia. Al Egoísmo no tuvo que buscarlo, él solito salió disparado de su escondite que se veía hermoso, pero resultó ser un panal de abejas.
De tanto caminar, Locura sintió sed y al acercarse al lago descubrió a la Belleza, y con la Duda resultó más fácil todavía, pues la encontró sentada sobre una cerca sin decidir a qué lado esconderse. Así fue encontrando a todos: el Talento entre la hierba fresca, a la Angustia en una oscura cueva, a la Mentira detrás del arcoíris (mentira, ella si estaba en el fondo del océano) y hasta el Olvido, que ya se había olvidado que estaba jugando al escondite.
Solo el Amor no aparecía por ningún sitio, la Locura busco detrás de cada árbol, cada arroyo del planeta, en la cima de las montañas y, cuando estaba por darse por vencida, divisó el rosal, pero por miedo a pincharse con las espinas tomó una varilla y comenzó a mover las ramas, cuando de pronto un doloroso grito se escuchó. Las espinas habían herido los ojos del Amor, la Locura no sabía qué hacer para disculparse, le lloró, le rogó perdón, le imploró y, finalmente, prometió ser su lazarillo. Y desde entonces, hace ya muchos siglos, se puede ver al Amor y a la Locura juntos. Por eso el Amor es ciego y la Locura siempre lo acompaña.”