La magia de creer para ver
lunes, 31 de diciembre de 2012
domingo, 23 de diciembre de 2012
Cavalo Morto
En Cavalo Morto, las muchachas acostumbran a salir de paseo con los soldados. Y luego a quererse.
Sucede entonces algo
inverosímil: después de hacer el amor, bordan en las nubes, con un
alfabeto azul y blanco, el nombre de los enamorados: José Antônio,
Manuel, Joâo.
Las muchachas vuelven más
jóvenes de esos amores entre la maleza. Regresan intrépidas, excitadas
por el filtro de la luna. Y para ellas no hay ya exigencias, cobardías,
acontecimientos. Sólo existen los soldados del batallón.
En agosto, enero, igual
septiembre, las muchachas aman en Cavalo Morto. Pasan abrazadas a sus
enamorados y dejan en la arena del camino algo como un rastro de espuma o
velo. Los soldados no saben hacer sonetos, ¡pero cómo aman!
De noche, Cavalo Morto nunca
está despoblado. Y si pasas un día por allí y oyes voces, risas y
gemidos de amor, no te asustes por miedo a los fantasmas. Son las
muchachas amándose con los soldados de Cavalo Morto.
Lêdo Ivo
viernes, 21 de diciembre de 2012
Enemigo invisible
¿Quién me habrá regalado estas tijeras, a mí y a tantos otros, a casi todos, como un decreto ley de regalo? Pues no pienso usarlas.
Javier Jover
Carrer de Girona
Es difícil vivir. Es muy difícil.
Parece que los otros nunca saben
lo que deben hacer, decir... Se portan
como actores que ignoran hasta el tema
y lo equivocan y estropean todo.
O a lo mejor soy yo quien se ha adentrado
en alguna obra cuyo asunto ignoro
y aquello que hago y digo no concuerda
con la trama que expone la otra gente.
Por eso necesito mucho tiempo.
Tengo que reconstruir cada jornada
el mundo que destruyen los demás.
Y estudiar cada noche las razones
por qué las cosas salen de otro modo
a como las tenía bien planeadas.
Y debo preparar con gran cuidado
lo que yo haré y diré al día siguiente.
Y lo que harán, dirán, también los otros
según las situaciones que programo.
Mas no sucede igual a lo previsto.
Por eso necesito estar a solas.
Necesito estar solo mucho tiempo.
Tengo que reconstruirme cada día
mi mundo, que destruyen los demás.
José María Fonollosa.
martes, 18 de diciembre de 2012
Dos realidades
Pasó un vagón con ruedas escarlata
y carrocería amarilla, nuevo flamante.
"¡Espléndido! -dije-, qué bueno
es estar vivo, cuando la belleza pela
la dura cáscara de la vida". Y tú
dijiste: "¡Espléndido!". Y pensé que habías visto
ese vagón brillando calle abajo;
pero miré y vi que tu mirada había caído
sobre un niño que atizaba puntapiés
a una obscena inmundicia marrón.
Nuestras almas son elefantes, pensé,
aisladas tras estrechos barrotes,
con trompas que asomadas fisgonean
y sobre la realidad se abalanzan;
y cada cual según su dulce antojo
se apodera del pastel que más le gusta
dejando atrás los demás
Aldous Huxley
la dura cáscara de la vida". Y tú
dijiste: "¡Espléndido!". Y pensé que habías visto
ese vagón brillando calle abajo;
pero miré y vi que tu mirada había caído
sobre un niño que atizaba puntapiés
a una obscena inmundicia marrón.
Nuestras almas son elefantes, pensé,
aisladas tras estrechos barrotes,
con trompas que asomadas fisgonean
y sobre la realidad se abalanzan;
y cada cual según su dulce antojo
se apodera del pastel que más le gusta
dejando atrás los demás
Aldous Huxley
Etiquetas:
Letra breve,
Obras de arte absolutas
lunes, 17 de diciembre de 2012
Poema sobre los músicos ciegos
Los ciegos
deambulan en la noche.
Por las noches es mucho más fácil
cruzar la plaza.
Los ciegos viven
a través del tacto,
tocando el mundo con las manos,
no conocen luz ni sombra,
y al encontrarse con las piedras:
de la piedra hacen
paredes.
Detrás de ellas viven los hombres.
Las mujeres.
Los niños.
El dinero.
Son indestructibles.
Por eso
es mejor evitar
las paredes.
La música
chocará con ellas.
La música será absorbida por las piedras.
La música
morirá en ellas
con sus manos atadas.
Es feo morir por las noches.
Es feo morir
a tientas.
Entonces, es más fácil para los ciegos...
Un ciego
cruza la plaza.
Joseph Brodsky
Los ciegos viven
a través del tacto,
tocando el mundo con las manos,
no conocen luz ni sombra,
y al encontrarse con las piedras:
de la piedra hacen
paredes.
Detrás de ellas viven los hombres.
Las mujeres.
Los niños.
El dinero.
Son indestructibles.
Por eso
es mejor evitar
las paredes.
La música
chocará con ellas.
La música será absorbida por las piedras.
La música
morirá en ellas
con sus manos atadas.
Es feo morir por las noches.
Es feo morir
a tientas.
Entonces, es más fácil para los ciegos...
Un ciego
cruza la plaza.
Joseph Brodsky
Etiquetas:
Letra breve,
Obras de arte absolutas
El cura verdugo de Ocaña
Muy de mañana, aún de noche,
Antes de tocar diana,
Como presagio funesto
Cruzó el patio la sotana.
¡Más negro, más, que la noche
Menos negro que su alma
El cura verdugo de Ocaña!
Llegó al pabellón de celdas,
Allí oímos sus pisadas
Y los cerrojos lanzaron
Agudos gritos de alarma.
“¡Valor, hijos míos,
que así Dios lo manda!”
Cobarde y cínico al tiempo
Tras los civiles se guarda,
¡Más negro, más, que la noche
Menos negro que su alma
El cura verdugo de Ocaña!
Los civiles temblorosos
Les ataron por la espalda
Para no ver aquellos ojos
Que mordían, que abrasaban.
Camino de Yepes van,
Gigantes de un pueblo heroico,
Camino de Yepes van.
Su vida ofrendan a España,
Una canción en los labios
Con la que besan la Patria.
El cura marcha detrás,
Ensuciando la mañana.
¡Más negro, más, que la noche
Menos negro que su alma
El cura verdugo de Ocaña!
Diecisiete disparos
Taladraron la mañana
Y fueron en nuestros pechos
Otras tantas puñaladas.
Los pájaros lugareños
Que sus plumas alisaban,
Se escondieron en los nidos
Suspendiendo su alborada.
La Luna lo veía y se tapaba
Por no fijar su mirada
En el libro, en la cruz
Y en la “star” ya descargada.
¡Más negro, más, que la noche
Menos negro que su alma
El cura verdugo de Ocaña!
Miguel Hernández
Suscribirse a:
Entradas (Atom)