La magia de creer para ver

sábado, 28 de febrero de 2015

Me atrevo a decir lo que pienso,
me tildarán de soberbia
y yo me sentiré honesta.
Me atrevo a sentirme como quiero
me tildarán de insolente,
yo me sentiré MAGA.
Me atrevo a hacer
solo aquello que tenga ganas;
sin pedir permiso,
sin esperar anuencia,
sin pedir DisCulpas.
Me atrevo a CREAR Mi Mundo,
a realizar Mis Sueños
y te invito a que
Digas lo que piensas,
a sentirte como quieres
y a Vivir como mereces;
sin miedo a que nadie te quiera
por lo que no ERES.


LA MAGA (Cuadernos de Magia)

sábado, 21 de febrero de 2015

No respiras solo

Cuando eras un feto
no podías respirar por ti mismo.
Entonces, tu madre respiraba por ti.

Su aliento era tu aliento.
Su sangre era tu sangre.
Su vida era la tuya.

Había un pequeño hueco en tu corazón
llamado 'agujero oval'.
Lo más probable es que se haya cerrado al nacer,
cuando tomaste tu primer aliento.

Gritaste. Gemiste.
Entraste en shock.
Te pusiste morado, tal vez.
Adolorido, hinchado, manchado de sangre, pequeño,
lloraste por tu existencia,
entristecido por la pérdida de un útero.

Estabas exhausto,
pero vivo.

Así fue cómo supiste, desde un principio,
que la vida no era todo felicidad y éxtasis.
Era dolor, también. Era pesadumbre.
Pérdida.
Pero que en la pesadumbre había belleza.
Y en la pérdida, amor.
Y esperanza. Y descubrimiento.

Amigo, a veces necesitas llorar,
y enfadarte, y gritar,
y armar todo un lío,
y olvidar el futuro, y los viejos mundos.

Y llegar a regocijarte en un solo aliento.
Y sentir el alegre latido de un divino corazón.

Y al día de hoy, sigues sin respirar solo.

- Jeff Foster



Utopía

Su nombre era Utopía. La mujer más luchadora que jamás pudo existir, tan hermosa como el significado de la palabra que llevaba por nombre.

Utopía. Inalcanzable destino, horizonte necesario, alimento del soñador, esperanza del oprimido, idílica perfección, enemiga del opresor, perdición del conformista.

Aunque siempre hubo quien la acusó de ingenua. Ingenua por no renunciar a sus principios, ingenua por luchar persistentemente por sus derechos, ingenua por creer en la bondad de los hombres.

Con el paso de los años vio cómo la libertad fue siendo arrebatada a cada uno de los seres que la rodeaban y, en consecuencia, como poco a poco dejaban de pensar en ella. A partir de ese momento Utopía inició su lucha particular: hacer redescubrir a los hombres su capacidad innata para soñar.

Gracias a Utopía la ciudadanía se reencontró con el valor del apoyo mutuo y la cooperación; rehusando los falsos liderazgos para adueñarse de sus ideas; rompiendo las cadenas impuestas para reconquistar sus cuerpos; dejando atrás la pasividad, los mitos y los engaños, para dar paso al diálogo, la comprensión y la convivencia.

Y así fue como lo“inamovible” empezó a cambiar, como la justicia emanó de cada esquina, como la esperanza abatió al derrotismo, como la capacidad de anhelo sucumbió al miedo, como la humanidad entera se adueñó de su destino.

Utopía desempolvó la bandera de la libertad.

Utopía renació de nuevo en cada ser.


Laía Rodríguez

No tengo edad, tengo vida



Algunos de nosotros envejecemos, de hecho, porque no maduramos.
Envejecemos cuando nos cerramos a las nuevas ideas y nos volvemos radicales.
Envejecemos cuando lo nuevo nos asusta.
Envejecemos también cuando pensamos demasiado en nosotros mismos y nos olvidamos de los demás.
Envejecemos si dejamos de luchar.

Todos estamos matriculados en la escuela de la vida, donde el Maestro es el Tiempo.
La vida solo puede ser comprendida mirando hacia atrás.
Pero solo puede ser vivida mirando hacia adelante.
En la juventud aprendemos;
con la edad comprendemos…

Los hombres son como los vinos: la edad estropea los malos, pero mejora los buenos.
Envejecer no es preocupante: ser visto como un viejo si que lo es.
Envejecer con sabiduría no es envejecer
En los ojos del joven arde la llama, en los del viejo brilla la luz.
Siendo así, no existe edad, somos nosotros que la creamos.

Si no crees en la edad, no envejecerás hasta el día de tu muerte.
Personalmente, yo no tengo edad: ¡Tengo vida!
No dejes que la tristeza del pasado y el miedo del futuro te estropeen la alegría del presente.
La vida no es corta; son las personas las que permanecen muertas demasiado tiempo.
Haz del pasaje del tiempo una conquista y no una pérdida.


http://brujulacuidador.com/2014/10/21/no-tengo-edad-tengo-vida/

miércoles, 18 de febrero de 2015

Leyenda Árabe

Dice una leyenda árabe que dos amigos viajaban por el desierto y en un determinado punto del viaje discutieron, y uno le dio una bofetada al otro.
El otro ofendido, sin nada que decir, escribió en la arena:

HOY MI MEJOR AMIGO ME PEGÓ UNA BOFETADA EN EL ROSTRO.

Siguieron adelante y llegaron a un oasis donde resolvieron bañarse.
El que había sido abofeteado y lastimado comenzó a ahogarse, siendo salvado por el amigo.
Al recuperarse tomó un estilete y escribió en una piedra:

HOY MI MEJOR AMIGO ME SALVÓ LA VIDA.

Intrigado el amigo preguntó:
¿Por qué después que te lastimé, escribiste en la arena y ahora escribes en una piedra ?
Sonriendo, el otro amigo respondió:

"Cuando un gran amigo nos ofende, deberemos escribir en la arena donde el viento del olvido y el perdón se encargarán de borrarlo y apagarlo, por otro lado, cuando nos pase algo grandioso, deberemos grabarlo en la piedra de la memoria del corazón donde viento ninguno en todo el mundo podrá borrarlo ".

martes, 17 de febrero de 2015

No es el amor quien muere

No es el amor quien muere,
somos nosotros mismos.
Inocencia primera
Abolida en deseo,
Olvido de sí mismo en otro olvido,
Ramas entrelazadas,
¿Por qué vivir si desaparecéis un día?
Sólo vive quien mira
Siempre ante sí los ojos de su aurora,
Sólo vive quien besa
Aquel cuerpo de ángel que el amor levantara.
Fantasmas de la pena,
A lo lejos, los otros,
Los que ese amor perdieron,
Como un recuerdo en sueños,
Recorriendo las tumbas
Otro vacío estrechan.
Por allá van y gimen,
Muertos en pie, vidas tras de la piedra,
Golpeando la impotencia,
Arañando la sombra
Con inútil ternura.
No, no es el amor quien muere.

Luis Cernuda

lunes, 16 de febrero de 2015

La felicidad inminente

Miedo, temblor en mí, en mi cuerpo:
temblor como de árbol cuando el aire
viene de abajo y entra en él por las raíces,
y no mueve las hojas, ni se le ve.
Terror terrible, inmóvil.
Es la felicidad. Está ya cerca.
Pegando el oído se la oiría
en su gran mancha subceleste, hollando nubes.

Ella, la desmedida, remotísima,
se acerca aceleradamente,
a una velocidad de luz de estrella,
y tarda
todavía en llegar por que procede
de más allá de las constelaciones.
Ella, tan vaga e indecisa antes,
tiene escogido cuerpo, sitio y hora.
Me ha dicho: "Voy". Soy ya su destinada presa.
Suyo me siento antes de su llegada,
como el blanco se siente de la flecha,
apenas deja el arco, por el aire.
No queda el esperarla
indiferentemente, distraído,
con los ojos cerrados y jugando
a adivinar, entre los puntos cardinales,
cual la prohijará. Siempre se tiene
que esperar a la dicha con los ojos
terriblemente abiertos:
insomnio ya sin fin si no llegara.
Por esa puerta por la que entran todos
franqueará su paso lo imposible,
vestida de un ser más que entre en mi cuarto.
En esta luz y no en luces soñadas,
en esta misma luz en donde ahora
se exalta en blanco el hueco de su ausencia,
ha de lucir su forma decisiva.
Dejará de llamarse
felicidad, nombre sin dueño. Apenas
llegue se inclinará sobre mi oído
y me dirá: "Me llamo…"
La llamaré así, siempre, aún no sé cómo,
y nunca más felicidad.

Me estremece
un gran temblor de víspera y de alba,
porque viene derecha, toda, a mí.
Su gran tumulto y desatada prisa
este pecho eligió para romperse en él,
igual que escoge cada mar
su playa o su cantil donde quebrarse.
Soy yo, no hay duda; el peso incalculable
que alas leves transportan y se llama
felecidad, en todos los idiomas
y en el trino del pájaro,
sobre mí caerá todo,
como la luz del día entera cae
sobre los dos primeros ojos que la miran.
Escogido estoy ya para la hazaña
del gran gozo del mundo:
de soportar la dicha, de entregarle
todo lo que ella pide, carne, vida,
muerte, resurrección, rosa, mordisco;
de acostumbrarme a su caricia indómita,
a su rostro tan duro a sus cabellos
desmelenados,
a la quemante lumbre, beso, abrazo,
entrega destructora de su cuerpo.
Lo fácil en el alma es lo que tiembla
al sentirla venir. Para que llege
hay que irse separando, uno por uno,
de costumbres, caprichos,
hasta quedarnos
vacantes, sueltos,
al vacar primitivo del ser recién nacidos,
para ella.
Quedarse bien desnudos.
tensas las fuerzas vírgenes
dormidas en el ser, nunca empleadas,
que ella, la dicha, sólo en el anuncio
de su ardiente inminencia galopante,
convova y pone en pie.

Porque viene a luchar su lucha en mí.
Veo su doble rostro,
su doble ser partido, como el nuestro,
las dos mitades fieras, enfrentadas.
En mi temblor se siente su temblor,
su gran dolor de la unidad que sueña,
imposible unidad, la que buscamos,
ella en mí, en ella yo. Por que la dicha
quiere yambién su dicha.
Desgarrada, en dos, llega con el miedo
de su virginidad inconquistable,
anhelante de verse conquistada.
Me necesita para ser dichosa,
lo mismo que a ella yo.
Lucha entre darse y no, partida alma;
su lidiar
lo sufrimos nosotros al tenerla.
Viene toda de amiga
porque soy necesario a su gran ansia
de ser
algo más que la idea de su vida;
como la rosa, vagabunda rosa,
necesita posarse en un rosal,
y hacerle así feliz, al florecerse.
Pero a su lado, inseparable doble,
una diosa humillada se retuerce, 
toda enemiga de la carne esa
en la que viene a buscar mortal apoyo.
Lucha consigo.
Los elegidos para ser felices
somos tan solo carne
donde la dicha libra su combate.
Quiere quedarse e irse, se desgarra,
por sus heridas nuestra sangre brota,
ella, inmortal, se muere en nuestras vidas,
y somos los cadáveres que deja.
viva, ser viva, en algo humano quiere,
encarnarse, entregada, pero al fondo
su indomable altivez de diosa pura
en el último don niega la entrega,
si no es por un minuto, fugacísima.
En un minuto solo, pacto,
se la siente total y dicha nuestra.
Rendida en nuestro cuerpo,
ese diamante lúcido y soltero,
que en los ojos le brilla,
rodará rostro abajo, tibio par,
mientras la boca dice: "Tenme".
Y ella, divino ser, logra su dicha
sólo cuando nosotros la logramos
en la tierra, prestándole
los labios que no tiene. Así se calma
un instante su furia. Y ser felices
es el hacernos campo de su paces.


Pedro Salinas